Fotografía / Video instalación

Desaparecidas


El Laberinto del Silencio

Estoy acostada en la cama…. el silencio es negro. Estoy desnuda, mi cuerpo, mojado, mi frente, las sabanas. ¿Es sangre? No puedo moverme. ¿Estoy muerta? De pronto, el calor se vuelve insoportable. Sin ser yo, salto de la cama, y vuelvo en mí. Recuerdo que estoy en un cuarto de hotel de Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2004. Es la frontera con Estados Unidos y estoy rodeada por un desierto que muchos llaman “El laberinto del silencio”.

Algunas horas atrás, fotografíé a mujeres vivas, pero muertas, cuyo camino estaba trazado desde que nacieron. Siempre con hambre, desterradas por su propia tierra, por su gente, nacidas para ser violadas, para saciar la sed de violencia de ciertos hombres, condenadas a ser mujeres incompletas… siempre.

“No tenía nada de sorprendente, porque las víctimas se paseaban por lugares oscuros y llevaban minifaldas y otras ropas provocativas”. “Ella se lo buscó. Eso no hubiera pasado si hubiera traído una falda más larga o se hubiera quedado en su casa”. Palabras del ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas (1992-1998).

Me baño, preparo mi cámara y los rollos. Siento un dolor fuerte en el pecho, una opresión: “la pinche impunidad”, pienso, “duele”. “¿Cómo podemos seguir viviendo con este terrible dolor?”.

Unos días antes, al llegar en taxi a casa de una de las jóvenes desaparecidas, una mujer salió corriendo. En cuanto me tuvo cerca, su rostro cambió y envejeció ante mis ojos. Su mirada se volvió hueca, podía atravesarla. ”Siempre he pensado que mi hija va a regresar así… un día, sin avisar, en taxi”. “¿Cuánto tiempo lleva buscando a su hija?” le pregunté. “Diez años”.

Muchas niñas y mujeres de entre 10 y 25 años de edad, la mayoría de tez morena, delgadas, de cabello largo y sin recursos, han desaparecido mientras iban a sus trabajos, regresaban a sus casas o en el centro de la ciudad en pleno día.
No es difícil encontrar el terror aquí. La noche anterior, dormí en un hotel barato que daba a una avenida. Me dieron el último cuarto. No había luz en el pasillo; dudé al entrar a la habitación. Cerré la puerta, puse la cadena y me quedé dormida. A media noche, entre sueños, escucho pasos cada vez mas claros dirigiéndose hacia mi puerta; me di cuenta que estaban metiendo una llave en el cerrojo. Le marco a la operadora. Abren la puerta, forcejean para romper la cadena. Grito.

Estuve en el coche de una mujer cuya hermana menor fue asesinada. En el asiento de atrás estaban sus dos hijos, ahora huérfanos, a quienes cuida la abuela. El niño de cuatro años ve un coche con los vidrios polarizados que se detiene a nuestro lado y me pregunta: “¿Tú crees que atrás de la “troca” (camioneta) tienen a una mujer? ¿La estarán matando?”

De regreso al hotel, la encargada me pide una disculpa. Me dice que alguien que no sabía que el cuarto estaba ocupado, quiso entrar. Que es una ciudad muy tranquila y que todo este asunto de la muertas de Juárez es para desacreditarla. Me ofrece una suite por el mismo precio.

Fotografía

2005-2006


Video instalación

2015

Cuando tomaba fotografías para mi proyecto sobre las mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez, mi preocupación constante eran los niños. La terrible inseguridad en la que vivían y cómo incorporaban la violencia cotidiana a sus vidas. Cómo iban creciendo y construyendo sus sueños entre tanta angustia y desolación. Después de mis estancias en Ciudad Juárez sentí la necesidad de regresar y hacer estos videos sobre niñas que viven en barrios muy violentos. Todas son hijas o hermanas de desaparecidas.

CIUDAD JUÁREZ
Ciudad Juárez, 2015
Diseño sonoro: Miguel Hernández
Duración 3:01
Formato: Video HD

NORMA
Ciudad Juárez, 2015
Diseño sonoro: Miguel Hernández
Duración: 12:49
Formato: Video HD






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